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La alegría de la autenticidad
For You01 November 2021

La alegría de la autenticidad

By Pip Dunjay@philippadunjay
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Antes queríamos sentirnos identificados con las figuras que seguíamos en internet, pero ahora TikTok nos demuestra que las personas que más visualizaciones tienen en el mundo se definen por algo más: se muestran tal y como son, de manera genuina y alegre.

¿Cómo nos aferramos a la alegría exactamente? Te podrías plantear esta pregunta mientras ves un TikTok educativo de OnlineKyne (@onlinekyne) breve y esclarecedor sobre algo llamado cinta de Moebius. Ataviado con un vestido morado de raso de encaje brillante y pendientes de diamantes falsos que le llegan hasta la clavícula, el matemático y drag queen nos instruye para llenar los vacíos considerables de nuestro conocimiento. Está claro que esto no es una clase de mates de la ESO.

Es posible que te sientas totalmente entregado al inconfundible encanto y gracia de Kyne Santos incluso sin saber por qué. A todo esto, Santos disfruta de una audiencia de más de un millón de seguidores en TikTok, así que es evidente que hay un mercado del que sacar provecho relacionado con esta determinada fuente de alegría. Todo hay que decirlo: no es
tarea fácil, puesto que la mayor parte de su página consiste en chats sobre tetraedros y trapecios. Sin embargo, ese es el poder del carisma añadido al entusiasmo propio de Santos por las matemáticas.

Podrías seguir explorando y encontrar el denominador común de lo que nos pone alegres, y pasártelo en grande con gente como Khaby (@khaby.lame), uno de los TikTokers más importantes del planeta y, con más de 110 millones de seguidores, el mayor de Europa, al
ver su característica manera de encogerse de hombros y de mirar a la cámara con
perplejidad. Para aquellos que no lo conocen, Khaby publica vídeos de sus sufridas reacciones a trucos complicados y absurdos de la vida cotidiana. Las sencillas rutinas de mímica de Khaby, que nació en Senegal y creció en Italia, son un antídoto frente a los blogueros perfectos a través de una cura de sentido común, y todo sin decir una palabra (aunque rompió su silencio para ofrecernos una entrevista exclusiva sobre este tema en For You de TikTok).

Los posts de Khaby incluyen gestos, como ofrecer un cuchillo a la Reina Isabel después de ver cómo lucha para cortar un pastel con una espada de Guardia Granadero o sugerir un pelador para no pelar un pepino con los dientes (es mejor de lo que parece). Los espectadores podrían llegar a la conclusión de que no hay ninguna conexión clara entre Khaby y Kyne, solo que ambos te hacen sentir como si estuvieras compinchado con ellos.

Sigues explorando. En el espacio de cuatro minutos, podrías ver cómo la paratleta Milly Pickles (@millypickles1) enseña su nueva prótesis para correr por la pista; o a Jing (@_itsjing), una “chica china que vive en Los Ángeles”, en cuyas publicaciones hace una sincronía de labios de los chistes sobre los estándares de belleza entre América y Asia; o a Hyram (@skincarebyhyram) dando en el clavo al desmontar la creencia de que CeraVe lo cura todo; o el “rey del chai” Kevin Wilson (@crossculturechristian) dando su opinión sobre distintas mezclas de especias con su característica manera de sorber, suspirar
y sonreír. Quizás sonrías ante cualquiera de estos vídeos.

Kyne y esta comunidad de creadores son lo que los alarmistas recalcitrantes consideran como miembros de una generación cuya capacidad de atención va menguando, totalmente absorbidos por esos espantosos ladrones de tiempo que tenemos en la palma de la mano. El hecho de que también proporcionen un alivio a la ansiedad de la vida real parece ser algo aparte, como si el consumo de alegría fuera un feliz accidente en lugar de ser la idea
principal. Después de todo, no hay manera de consumir el contenido hecho por alguien
que sonríe abiertamente ante una taza de té, o que se acopla un trozo de metal a la pierna y se regocija corriendo por una pista con él, si no es porque se disfruta de estos placeres compartidos e íntimos.

Los creativos siempre han pretendido contarnos algo sobre lo que somos y los tiempos en los que vivimos. Si TikTok representa el momento actual, entonces sus 1000 millones de usuarios deben ir buscando ráfagas cortas de alegría. Es un cambio bienvenido y va más allá de lo que ha definido a las redes sociales durante un tiempo: la cercanía. Durante algún tiempo, lo que centraba la atención era un elenco de réplicas predominantemente blancas
que respondían a una generación en busca de hermanos mayores que les ayudaran a
sentirse conectados a un mundo digital abrumador. Muchos de ellos tenían cuerpos, ideas y códigos postales similares a los de sus audiencias. En las agencias de marketing de todo el país, el concepto de cercanía se defendía como el camino hacia el éxito, por lo que se repetía constantemente mientras unos adolescentes "cercanos" daban a toda una generación lo que creíamos que querían: gente igual a nosotros.

Años después, y entre otros desarrollos, hemos aprendido que el mundo no tiene que ser un lugar tan abrumador y, lo que es más importante, que la diferencia es crucial para nuestra supervivencia en tanto que seres propensos a la búsqueda de la felicidad. A medida que el mundo se va deteriorando en más de un aspecto, lo más radicalmente optimista es dejar atrás estas figuras cercanas que reflejan nuestro prisma de la vida y avanzar hacia experiencias auténticas, independientemente de lo distintas que sean de las
nuestras.

Disponer de una banda ancha mejor, tener un mayor conocimiento de los ángulos de enfoque, utilizar anillos de luz y tener acceso a la información no es lo que nos ha hecho superar el concepto de cercanía. Naturalmente, continuamos identificándonos con experiencias humanas universales, porque es nuestra naturaleza, pero en un mundo globalmente conectado, lo que queremos es ver vidas reales.

Por cada vídeo que ves sobre las banales colas en los aeropuertos británicos, también puedes desde toparte con la fascinante perspectiva de unas chicas Latinx queer cocinando recetas complicadas hasta dar con unos buzos de la Villa Olímpica compartiendo cómo han roto unas camas japonesas.

¿Qué es lo que funciona tan bien de estas maneras diferentes en que se expresa la gente? Puede que sea que cumplen las reglas: la alegría verdadera solo puede ser auténtica. No hay nada más auténtico que la alegría verdadera; no se puede fingir y, si se finge, fracasa, de la misma manera que un chiste deja de tener gracia si se tiene que explicar. Si nuestra
capacidad emocional colectiva es baja, solo necesitamos ver a personas mostrándose tal y como son.

La alegría es una protesta, es terapéutica y, además, es un antídoto para superar los momentos tristes. Nos damos cuenta de que lo que nos apetece es ver a unos alegres espectadores interrumpiendo un baile coreografiado o ver cómo los manifestantes de las protestas de Black Lives Matter se ponen a bailar de improviso una “Electric Slide” o incluso ver cómo se quita el pegamento Gorilla Blue de un cuero cabelludo.

Siempre hemos necesitado espacios para reír, aprender y disculparnos cuando hemos hecho algo mal, espacios en los que se nos muestran literalmente nuevos horizontes, pero parece que ahora los necesitamos más que nunca. La alegría nos aporta una magia especial que nos une. Al buscar la alegría a través de las vidas de otras personas, tenemos la esperanza de poder disfrutar de ella también en mayor o menor medida. Esta es la característica determinante de TikTok y es una de las razones por las que acudimos a la
aplicación durante la pandemia.

Vivimos un momento en que se nos pide con frecuencia que reflexionemos sobre la pregunta “¿Qué significa ser nosotros mismos?”. Para algunos, la respuesta puede ser el miedo en forma de ataques en línea, los troles; puede significar atravesar la sopa tóxica de los rincones más envenenados de Internet. En resumen, cuando sabes lo que hay ahí fuera, sabes la importancia que tiene defender un remanso de felicidad. Como respuesta,
habitaciones, calles, parques, piscinas, clases y coches de todo el planeta se reivindican como lugares alegres, y los espacios públicos y privados se transforman a través de un objetivo de 4.2 mm con un baile al ritmo de Megan Thee Stallion.

En las calles principales de todo el país hay escolares practicando los bailes Amapiano aprendidos de TikTok Sudáfrica o chicos haciendo un caballito para compartirlo con el hashtag #bikelife. Los estudiantes incluso utilizan una nueva manera de organizar su jerarquía social con una sola pregunta: “¿Puedes editar un vídeo de TikTok?”. Probablemente se deba a todas las risas que se han pegado durante toda su vida escolar.

Ahora, puedes echar un vistazo a las noticias en tu teléfono, leer sobre los datos de COVID y las crisis de política exterior, volver a TikTok y jugar a la serpiente, que se desliza por la pantalla del móvil entre las aplicaciones. Lo que aprendes es que por cada noticia hay
alguien como Yayayayoung (@yayayayoung) que grita “Merry skincare!” (¡Disfruta cuidando de tu piel!). Que por cada momento en que te metes más en el meollo, encuentras a gente como Pool Guy (@thep00lguy), que limpia las baldosas de una piscina a golpe de presión con una pasión por su trabajo que te da ganas de cambiar de profesión. Durante el confinamiento, miles de personas vieron a Elsa Majimbo (@elsa.majimbo) comiendo patatas fritas alegremente y gritar “¡Es una pandemia!”, soltando después una espectacular carcajada mientras confesaba aliviada que era la excusa perfecta para cancelar sus citas con amigos (vi ese vídeo y lo compartí rápidamente; TikTok es una red en que la alegría está en constante circulación).

La esencia de la alegría es difícil de describir, pero es muy fácil de sentir. Sabes cuándo llega, porque es una sacudida eufórica de la caja torácica, tu corazón se hincha y tu cuerpo se transforma en el equivalente somático de un punto de exclamación. El origen de estas chispas de alegría nos dice algo sobre la naturaleza humana, sobre nosotros y sobre cómo y por qué queremos una dosis de alegría más.

Vale la pena volver a ver a OnlineKyne hablar de la cinta de Moebius otra vez y escuchar cómo describe una curva que nos lleva de viaje para terminar en el mismo lugar una y otra vez. Es una lección sobre cómo nos aferramos a la alegría y, quizás, la única conclusión posible es que debemos seguir viajando en esa dirección.

Por ahora, todo lo que podemos hacer es saborear lo último que hacemos antes de irnos a dormir cada noche, con destellos de trapecios y prótesis en la cabeza, y una sonrisa en la cara.

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